¿Cuántas veces has deseado con todas tus fuerzas comprar algo y sólo te quedas con las ganas?
Y… ¿qué has hecho o haces al respecto?
Muy probablemente si eres de las personas que vive de sueños, te cueste más esfuerzo conseguir lo que quieres. Sin embargo, cuando en verdad te propones algo y comienzas a trabajar en ello, ves como poco a poco se va materializando hasta hacerse realidad.
Esto no es cuestión de magia, sólo de organizar la forma en que gastas tu dinero. Si piensas antes de comprar, muy probablemente vas a caer en la cuenta que hay muchas cosas que no lo necesitas, y tal vez sea un capricho del momento. Esta es una decisión inteligente ya que vas juntando ese dinero para adquirir, en un futuro cercano, lo que desde hace tiempo has deseado.
Ahora bien, si logras desarrollar este hábito del ahorro, serás de los que sí hagan sus sueños realidad. Piensa en la cantidad de dinero que puedes juntar para algo que te va a ser de mayor utilidad, ya sea una bicicleta, una computadora, un coche, qué se yo.
Y, qué tal si eres de las personas que piensa en grande. Imagínate que ese dinero, en vez de gastarlo, mejor lo destinas a un proyecto que te puede ¡generar más dinero! No sé, tal vez en una cuenta de inversión, un negocio, o en capacitarte para aprender algo y conseguir un mejor sueldo… ¡Dinero generando más dinero!
La economía familiar se encuentra sustentada en tres actividades principales: el consumo, el ahorro y la inversión. Para lograr unas finanzas sanas es necesario llevar un balance entre estos tres aspectos, de suerte que gastemos lo adecuado y guardemos fondos para planear el futuro.
El consumo y la utilidad
El consumo es la actividad en la que los individuos y familias adquieren productos y servicios para satisfacer sus necesidades y deseos.
Consumir no sólo se refiere a los productos que compramos como ropa, alimentos, muebles e inmuebles, también existe el consumo denominado intangible, en donde se incluyen servicios básicos (electricidad, agua, gas, teléfono), y todo tipo de actividades como educación, entretenimiento, comunicaciones, etcétera.
En términos financieros, se habla de utilidad para describir el nivel de satisfacción que se logra al consumir un bien o servicio. Se trata de un valor subjetivo que depende por completo de las costumbres y expectativas de cada consumidor, ya que algunos pueden sentir gran utilidad (satisfacción) al adquirir una cantidad pequeña de ciertos productos, mientras que otros necesitarán comprar más para llegar al mismo resultado.
Lo anterior es muy importante para planear nuestras compras y organizar nuestro presupuesto, puesto que nos hace notar que no hay un nivel estandarizado de consumo para sentirnos bien, sino que éste dependerá de nosotros mismos.
De este modo, es conveniente detenernos a hacer un análisis sobre qué consumimos, con qué frecuencia lo hacemos y qué satisfacción obtenemos. Quizá descubramos que algunas cosas no tan costosas nos dan el mismo nivel de bienestar que otras de mayor precio.
Recordemos que para tener éxito financiero siempre es una buena idea estar conscientes de lo que gastamos, cuándo, cómo y con qué propósito lo hacemos.
Ahorrar e invertir
Ahora bien, como mencionamos al inicio de este artículo, para tener un equilibrio financiero satisfactorio, el presupuesto debe ayudarnos a lograr un balance entre consumo, ahorro e inversión. Esto quiere decir que lo más conveniente es planear el consumo para poder reservar un ahorro que, posteriormente, se invierta y genere ganancias.
El ahorro debiera ser considerado parte de nuestro consumo. De tal forma, que destinemos una cantidad constante a ahorrar y, que éste no se genere del sobrante del presupuesto. La cantidad dependerá de cada persona, pero es importante ser constantes y considerar el ahorro como un rubro más en el cual no podemos atrasarnos.
Ahorrar es un excelente hábito financiero puesto que nos permite tener un fondo para emergencias y no para vivir al día. Sin embargo, este último por sí sólo no es suficiente para hacer crecer nuestro dinero; si el objetivo es aumentar el patrimonio, entonces es necesaria la inversión, que es el paso siguiente al ahorro, es decir, hay que poner a trabajar el dinero guardado con la finalidad de que no se deprecie y, a mediano y largo plazo, se multiplique.
Para invertir hay un sin fin de opciones disponibles: algunos invierten en productos elaborados y respaldados por bancos y/o sociedades de inversión; otros deciden probar suerte y habilidades en el mercado de valores; hay quienes compran divisas o metales; otros más optan por comprar terrenos, locales comerciales o inmuebles; mientras que algunos prefieren iniciar o expandir un negocio propio, comprar una franquicia, etcétera.
Estrictamente hablando, no se puede decir que exista una buena o mala inversión; simplemente se trata de lo que le funciona a cada individuo, ya que, de manera importante, dependerá de la capacidad de ahorro, los recursos disponibles y el nivel de riesgo que esté dispuesto a correr, lo cual dependerá de la etapa de vida en la que se encuentre y las expectativas personales.
Como conclusión, es importante destacar que las finanzas se mantienen sanas y tienden a ser cada vez mejores cuando se consume con atención, se ahorra con eficacia y se invierte con cuidado.